Cuando recién
terminamos la universidad y comenzamos a crecer profesionalmente, llegamos al
mundo laboral con la energía al 110%, pero con la visión financiera casi al 0%.
Luego, sin una estrategia clara, empezamos a gastar y gastar, influenciados por
la publicidad de agencias de viajes, bancos, concesionarios de autos, clubes y
restaurantes de alto perfil que diariamente intentan convencernos de que “gastar”
y “éxito” son sinónimos.
Poco a poco, nuestros
gastos empiezan a crecer para cubrir necesidades que ni sabíamos que teníamos:
un auto de alto mantenimiento, objetos de lujo, viajes al extranjero, lugares
de moda, entre otros. Definitivamente nos sentimos exitosos, en la cima del
mundo… pero no vemos que acabamos de meternos en un grave problema: nuestros
gastos crecen a una velocidad mayor que nuestros ingresos.
Unos pocos años más
tarde descubres que aquel sueño de emprender tu propio proyecto, tener libertad
financiera o sencillamente vivir sin deudas se estrelló con una realidad
bastante diferente: tu tarjeta de crédito está al tope, aunque quisieras
renunciar a tu trabajo no puedes, conoces muchas partes del mundo pero no
pudiste comprar la casa que querías, sino únicamente la que podías… y te faltan
veinte años de cuotas. En fin, por un descuido, por un simple momento,
confundiste la palabra “gastar” con la palabra “éxito” y te desviaste de tu
carrera hacia la libertad financiera.
Pero déjame decirte
algo: nunca es tarde para empezar. El tiempo perdido no se puede recuperar,
pero mientras más pronto empieces a ahorrar, más rápido podrás recuperarte y
alcanzar tu libertad financiera. Porque la idea no es solo ahorrar por ahorrar,
sino ahorrar para invertir.
Con una disciplina
draconiana debes reducir o eliminar, según la gravedad del caso, los gastos
hormiga, asesorarte y comenzar a ahorrar al menos el 10% de tus ingresos. Por
ejemplo, cuando eliminas las bebidas alcohólicas o el mal hábito de comer
fuera, podrás cubrir esa cuota.
Al principio, ahorrar
podrá parecerte traumático y doloroso, pero una vez que se vuelve hábito
notarás cómo tu cuenta bancaria empieza a crecer y, con ello, tus deudas
comienzan a reducirse. Entonces aparece tu capacidad de invertir: esa que te
dará verdadera libertad financiera.
Así que recuerda: en
esta etapa de la vida —recién graduado, empezando a ganar tu propio dinero— lo
más fácil es dejarse llevar por los gustos inmediatos: salir todos los fines de
semana, comprarte lo que antes no podías, vivir el "aquí y ahora".
Pero el éxito es diferente. Empieza cuando comprendes que necesitas una buena
relación con tu dinero, un presupuesto, y futuras ideas de inversión que te
motiven a ahorrar cada día más.
José Iván Morales

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